
Tal es la sensibilidad existente hacia la comunicación de crisis en el entorno anglosajón que todos los años se publican en EEUU exhaustivos informes sobre el tema. Uno de los más interesantes y completos es el que edita el Institute for Crisis Management (ICM). Se trata de una detallada radiografía que muestra tendencias globales a tener muy en cuenta: casos de crisis más frecuentes, aspectos en los que las organizaciones no deben bajar la guardia o sectores más vulnerables.
Del análisis de noticias publicadas en los medios de comunicación, el ICM ha contabilizado un total de 212.115 episodios de crisis en entidades públicas o privadas a lo largo del último pasado.
Con indudable visión, la experta norteamericana Melissa Agnes comentaba en este mismo blog que la necesidad de prepararse para un ciberataque es un imperativo que está marcando ya la comunicación de crisis. El informe del ICM confirma esta tendencia. Solo en EEUU, un total de 781 fugas de datos fueron reportadas en 2015, con empresas como Hyatt, Hilton o T-Mobile entre las afectadas.
Los escándalos de la FIFA, Petrobras o Volkswagen y accidentes como el de Germanwings, del que también hemos hablado aquí, acapararon titulares en los medios, con efectos muy negativos para la reputación de todas estas organizaciones.
El ICM señala que, aproximadamente, la mitad de las empresas e instituciones de todo el mundo disponen un plan de crisis en condiciones. La proyección se me antoja optimista y me temo que, en el caso español, la proporción no es tan elevada.
Especialmente interesante me parece el dato relativo al tipo de estallido: un 22,27% de las crisis surgen repentinamente, mientras que las restantes, un 77,73%, lo hacen de forma progresiva. Probablemente, muchas de las que se cuecen a fuego lento no alcanzarían su máxima expresión si hiciéramos un correcto manejo de la situación. Y es que no debemos olvidar que existen dos crisis: las provocadas por el suceso en sí –un accidente, una retirada de producto, un desastre medioambiental…- y las que tienen que ver con la mala gestión que hacemos de la situación. Un motivo más para ser previsores, contar con manuales de crisis a medida y estar bien preparados por si llega el momento.
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