Es uno de los rostros más populares de la televisión en España, un status alcanzado por méritos propios y después de una intensa carrera profesional que se inició en Asturias a finales de los años 80. Trabajó en el ya legendario programa Hora 25, de la Cadena SER, aunque el salto a la fama vino dado por su labor al frente del informativo Redacción, de Canal+. Su paso por CNN+ y Cuatro, donde presenta la edición de fin de semana, completan de momento una brillante trayectoria que ha sido reconocida con el Premio Antena de Oro en la categoría de TV.
Marta Reyero, además, colabora con Atrevia como especialista en media training, un terreno en el que atesora una larga experiencia. Para ella, que lleva años dando la cara delante de las cámaras, “el miedo a hablar en público es algo natural”. Reconoce, de hecho, haber sido la primera en pasar por ese trance en más de una ocasión: “En España se habla mucho. Pero se habla mal. Nos resulta muy difícil armar un buen discurso y reforzarlo con la empatía. Ahí está el secreto. Olvidamos que se recuerda mejor lo que nos cuenta alguien que aceptamos y cuya actitud no produce rechazo”.
¿Qué pasos hay que dar para hacer frente a ese miedo?
Lo primero antes de hablar en público es conocernos. Qué debemos potenciar y qué evitar. Y entrenarse a conciencia. Hay que ensayar para dominar el mensaje y los gestos, que a veces pueden acabar arruinando un discurso. He coincidido con muchos directivos ensayando antes de intervenir en un congreso, hacer una presentación o participar en debate. Los que triunfan son los que piden consejo y preguntan todo sin miedo a mostrarse vulnerables. Para recordar mejor lo que queremos transmitir es imprescindible utilizar esquemas sencillos y palabras comprensibles. Y no pasa nada si hay nervios. No es bueno estar demasiado relajado.
Como presentadora de televisión, ¿se ha quedado en blanco en directo en alguna ocasión?
Es la pesadilla de todos los que trabajamos en televisión. Bloquearnos ante media España. Me ha pasado en más de una ocasión, y los segundos parecen horas hasta que consigues hilar un pensamiento y arrancar otra vez. Es cierto que la práctica te da cierta soltura. Sobre todo a salir con naturalidad de un momento difícil. Hacer una pausa, recomponerse y pasar a lo siguiente. Acelerarse no es la solución. En mi caso, tener copia en papel de las entradillas del informativo siempre ayuda. Lo mismo que debería hacer cualquiera que hable en público. No hace falta que mire constantemente los papeles, pero tenerlos a mano es un buen apoyo.
¿Cuál ha sido su peor momento ante las cámaras?
Mi peor momento fue un boletín informativo durante las elecciones vascas de 1998. Un error grabado a sangre y fuego. Impresionante lección de lo importante que es un pinganillo. Hacíamos la conexión desde el palacio Euskalduna de Bilbao, todavía en obras. Estuve sin pinganillo desde el minuto uno y fue imposible hacer algo con sentido, ni entrevistas, ni gráficos, nada. Y todo por no poder sentarme en el plató con un mínimo de tiempo para posibles imprevistos. Que aquella cosa minúscula cayera rodando y nadie la encontrara supuso un cataclismo. Para más «inri» me pasé medio boletín con el técnico de sonido bajo mi mesa buscándolo como loco. No hay nada como sufrirlo una misma para poder aconsejar después.
¿Destacaría alguna entrevista de las que ha realizado en las que se masticaba la tensión?
Una para CNN + con la ministra de Asuntos Exteriores Ana Palacio. No estábamos cómodas ninguna de las dos. Y se nos notaba. Ella comenzó a la defensiva, que es como ponerse una luz roja sobre la cabeza y activar una sirena para que el periodista insista.
Hay directivos que tienen especial temor cuando el periodista al que van a enfrentarse es especialmente incisivo. ¿Qué consejos les daría para superar con éxito la prueba de fuego?
Lo primero, tranquilidad y un mensaje bien articulado. Y como decía antes, no ponernos a la defensiva en cuanto el periodista nos haga la primera pregunta incómoda. Plantear una entrevista o una rueda de prensa como un duelo es un error.
Como periodista, ¿cómo valora el manejo de la crisis que ha hecho Volkswagen hasta el momento?
Son casi dos meses en los que Volkswagen ha ido de mal en peor. La gestión ha tenido hasta ahora puntos positivos y negativos, como en toda crisis. Fue buena su reacción nada más conocerse el trucaje de los motores. Reconoció el engaño, pidió disculpas y se comprometió a asumir todos los costes. Escuchamos una frase antológica del CEO de Volkswagen en EEUU que copó todos los titulares y hubo dimisiones. Sin embargo, hoy todavía no sabemos cómo sucedió. Un ejemplo de falta de transparencia. Y más grave aún: cómo es posible que la dirección del grupo automovilístico desconociera que se estaba engañando a las autoridades y a millones de clientes en el mundo. En España se colapsó la línea habilitada para los afectados, los perfiles en redes sociales de la marca rebajaron la actividad, el grupo automovilístico ha llegado a perder casi la mitad de su valor en bolsa y se le imputan delitos contra los consumidores, el medio ambiente y la hacienda pública. Y se temen despidos. La gestión ha caído en el caos informativo a medida que crecía la magnitud del desastre.
¿Hay alguna crisis que destacaría por lo bien que ha sido gestionada por la compañía que la ha sufrido?
El accidente en los Alpes de un avión de la compañía Germanwings con 150 personas a bordo. Lo primero fue proteger a las víctimas y sus familias, y dar información de la ocurrido según avanzaba la investigación. Las comparecencias públicas del fiscal jefe de Marsella marcaron un hito como ejemplo de lo que debe ser una buena comunicación.
De los políticos actuales, ¿cuál le parece el mejor y el peor orador?
Los mejores oradores en España no son precisamente los políticos. Los encontramos sirviendo café en un bar o en una caseta de la feria del libro. Lo fue en su día Felipe González, rápido, brillante y con un magnetismo reconocido por sus rivales. Albert Rivera se esfuerza. Fue entrenado para ganar debates. Es un político seguro de sí mismo. ¿Quién, si no lo está, se atreve a posar desnudo en un cartel electoral? Pero Pedro Sánchez también tiene posibilidades de mejorar y Pablo Iglesias tiene recorrido por delante debido a su juventud.
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