El año que termina nos deja un puñado de crisis de comunicación de las que pueden extraerse conclusiones interesantes sobre lo que hacer y lo que no ante este tipo de episodios. El poder devastador de un video que muestra el trato abusivo a un cliente y que se viraliza a velocidad de vértigo, un spot publicitario inoportuno, un ciberataque o el torpe asunto de un email que hiere sensibilidades bastan hoy en día para crear serios problemas a la reputación más sólida. Estos son, en mi opinión, los 10 casos de crisis más relevantes de 2017:
1. Oscargate, el riesgo de estar hiperconectados. Un auditor más preocupado de tuitear y subir fotos de la gala a las redes sociales que de hacer su trabajo provocó uno de los momentos más bochornosos de la historia de los Oscar. El equipo de La, la, land se quedó de una pieza cuando supo que el premio por el que estaba dando gracias en el escenario era en realidad para Moonlight. La pifia se debió al error de Brian Cullinan, el trabajador de PwC que entregó el sobre equivocado de mejor película a Warren Beatty en el momento culminante de la gala y, posiblemente, el de mayor audiencia. Aunque no fue una crisis propiamente dicha, el episodio puso en entredicho el buen nombre de la auditora y dejó a la Academia de Hollywood sumida en el ridículo. Un hecho que lleva a pensar si el ansia por estar hiperconectados a través de los dispositivos móviles no nos lleva, en realidad, a desconectar peligrosamente del aquí y el ahora.
Warren Beatty en la entrega de los premios Oscar 2017.
2. El escándalo planeó sobre United. En tiempos de máxima transparencia como estos, poco pueden hacer las empresas para esconder sus vergüenzas. Basta un consumidor armado con un smartphone para que aquello que antes era fácil de ocultar quede expuesto hoy a ojos de todo el mundo. La violenta expulsión de un pasajero de un vuelo de United Airlines para solucionar un problema de overbooking desató un escándalo mayúsculo que dejó la imagen de la aerolínea por los suelos. La torpe actuación del CEO hizo el resto. Lejos de asumir la culpa y pedir disculpas a la víctima –un médico asiático que sufrió la pérdida de dos dientes y la rotura del tabique nasal en el incidente- el máximo directivo de UA quiso culpar a este por su comportamiento supuestamente violento. Como las imágenes no engañan, los videos grabados por varios pasajeros se encargaron de desmentir la versión del directivo.
3. Pepsi, el anuncio de la discordia. Las voces más suspicaces se alzaron contra Pepsi por el spot en el que Kendall Jenner se aproxima a un retén policial durante una manifestación para ofrecer a un agente un refresco de la marca. En el contexto de continua crispación en el que parecemos instalados hoy en día, las redes sociales interpretaron el anuncio como una frivolización de la marcha de Batton Rouge contra la discriminación racial que tuvo lugar en 2016. Asustados por la virulenta reacción contra la marca, los directivos de Pepsi optaron por retirar de circulación el spot. Tuvieran o no razón sus detractores, Pepsi consideró prudente no encender más los ánimos y pedir disculpas para no perjudicar a las ventas del grupo.
Fotograma del comercial de Pepsi con Kendall Jenner.
Icónica foto de la Marcha de Batton Rouge. Tomada por Jonathan Bachman para Reuters.
4. El patinazo de ADIDAS. Solo seis palabras en el asunto de un email pueden originar una auténtica crisis en social media que ponga a una marca al borde del precipicio. Le ocurrió a ADIDAS, que en abril envió un correo electrónico a los participantes de la Maratón de Boston con el siguiente encabezamiento: “Felicidades, sobreviviste a la Maraton de Boston”. La marca de ropa deportiva no tuvo en cuenta que un atentado terrorista en la misma prueba causó 3 muertos y 264 heridos en 2013. Una tragedia demasiado reciente como para lanzar un mensaje como el de ADIDAS, que se vio obligada a emitir una declaración de disculpas ante la avalancha de críticas recibidas.
Fragmento del correo electrónico de Adidas a los participantes de la Maratón de Boston.
5. Ciberataques, una amenaza en auge. Los hackeos informáticos se han multiplicado en los últimos años y han introducido un nuevo riesgo para las empresas de todo el mundo. Uno de los mayores ciberataques de la historia se produjo en mayo de 2017, cuando el virus WannaCry afectó a 200.000 equipos de 150 países en situación de extrema vulnerabilidad. Empresas de todo el mundo, algunas de ellas españolas, sufrieron en propia carne un episodio que está obligando a todas ellas a actualizar sus Manuales de Crisis y ha llevado a firmas como ATREVIA a lanzar apps y servicios que ayuden a hacer frente a amenazas como esta en tiempo real.
6. British Airways, a oscuras. Dos semanas después de que WannaCry hiciera de las suyas, British Airways se vio afectada por una caída informática que dejó a la compañía colapsada durante tres días. Más de 700 vuelos tuvieron que cancelarse, casi el 30% de las operaciones de la aerolínea. El episodio se debió a un fallo informático motivado por una caída del suministro eléctrico que tuvo lugar en uno de los fines de semana con más tráfico aéreo en el Reino Unido. El incidente afectó especialmente a los aeropuertos de Heathrow y Gatwick, los dos de mayor actividad en el país, y motivó duras críticas a BA por parte de quienes consideraron lenta su reacción a la crisis. El impacto de esta en el negocio de BA se estimó en 91 millones de euros.
7. El Prat, otra vez El Prat. En 2016 fue la ola de paros en el sector aéreo de Francia la que afectó a Vueling y llevó el caos al aeropuerto de Barcelona. Un año después, en 2017, El Prat volvió a situarse en el centro de todas las miradas. El motivo en esta ocasión fue la huelga de Eulen, que llevó al Gobierno a desplegar a la Guardia Civil para que desempeñara las labores de seguridad propias del personal en paro y a establecer servicios mínimos del 90%. Medidas que provocaron un debate entre los partidarios de proteger el derecho a la huelga de los trabajadores y los defensores de garantizar a toda costa el servicio a los pasajeros de un aeropuerto que cada verano se sitúa en el centro de la polémica.
8. Masacre en las Ramblas. La ciudad de Barcelona no olvidará jamás el 17 de agosto de 2017. Un atropello masivo en las Ramblas dejó un balance de 16 muertos y 131 heridos. En ese momento se puso en marcha un dispositivo policial que culminó el 21 de agosto con cuatro terroristas detenidos y ocho muertos. Uno de los aspectos más destacados fue la buena gestión de comunicación realizada por los Mossos d’Esquadra. La policía catalana se convirtió desde el primer momento en la fuente informativa de referencia gracias a la labor de un equipo dirigido por la periodista Patricia Plaja. Además de una buena prevención –lamentablemente, se sospechaba la inminencia de un atentado desde hacía semanas-, fue clave el manejo de Twitter, red utilizada por la Policía para facilitar información contrastada de forma rápida y en varios idiomas, evitar las especulaciones y desmentir los rumores que continuamente iban circulando por las redes sociales. El lado negativo vino de la mano de aquellos que usaron herramientas como whatsapp para propagar bulos y difundir fotografías que solo sirvieron para añadir un dolor innecesario a las víctimas y sus familiares.
Tweet de la cuenta oficial de Twitter de los Mossos.
9. Una crisis de huevos. También 2017 sufrió una crisis alimentaria de envergadura, esta vez de dimensiones europeas. La UE detectó altas cantidades de fipronil en varias partidas de huevos procedentes de Holanda y Bélgica. Hasta 19 países, entre ellos España, tuvieron que tomar medidas para evitar el consumo doméstico de los alimentos afectados por el producto tóxico. El fipronil es un insecticida “moderadamente tóxico” para los humanos que puede ocasionar efectos dañinos en riñones, hígado o tiroides si se ingiere en altas cantidades. Afortunadamente, el funcionamiento de los sistemas de trazabilidad europeos evitó una catástrofe mayor.
10. Harvey Weinstein, el fin de la impunidad. Las denuncias de acoso sexual por parte de varias actrices contra Harvey Weinstein, el hasta ahora intocable productor norteamericano, han desatado un efecto dominó que ha trascendido la industria cinematográfica para contagiar a otros ámbitos empresariales, no solo en EEUU. Como si se tratara de una epidemia, decenas de casos han salido a la luz pública echando abajo un vergonzoso muro de silencio que hizo que empresarios todopoderosos se consideraran por encima del bien y del mal durante años. El miedo a denunciar este tipo de delitos parece haberse evaporado después de décadas en los que muchos miraron a otro lado ante situaciones que eran un secreto a voces. También Kevin Spacey se ha visto afectado en 2017 por un escándalo similar al de Weinstein, lo que ha obligado a Netflix a dejar en suspenso la continuidad de House of Cards. Al margen de la desafortunada reacción de uno y otro tras estallar el escándalo, parece lógico preguntarse si unos consejos de administración más diversos –ni una mujer se sentaba en el board de The Weinstein Company- hubieran pasado por alto tantos años de abusos.
¿Y de cuántas de estas crisis nos acordamos hoy?