A veces la ficción está inspirada en hechos reales, como en Todos los hombres del presidente, pero en ocasiones ocurre justo al revés. En La Cortina de Humo, la película dirigida por Barry Levinson, la crisis se desata en la Casa Blanca cuando el presidente de EEUU es acusado de abusar sexualmente de una becaria en el mismo Despacho Oval pocos días antes de su reelección. La estrategia que diseña su principal asesor de comunicación –papel que interpreta Robert De Niro- consiste en levantar una cortina de humo inventando una guerra contra Albania para distraer la atención de la opinión pública norteamericana.
¿Os suena la historia? Se parece sorprendentemente al ‘escándalo Lewinsky’, que a punto estuvo de costar la presidencia a Bill Clinton. Con la particularidad de que en esta ocasión la ficción antecede a la realidad. El 20 de agosto de 1998, coincidiendo con la declaración de Monica Lewinsky ante el Gran Jurado, Clinton ordenó el bombardeo de “bases terroristas” en Sudán y Afganistán en represalia por los atentados perpetrados dos semanas antes contra las embajadas norteamericanas en Kenia y Tanzania. Tan sorprendente es el parecido entre realidad y ficción que en la rueda de prensa en la que el secretario de Defensa, William Cohen, explicó la operación militar a los medios, uno de los periodistas le preguntó si había visto La cortina de humo, que había sido estrenada un año antes. Cohen, por supuesto, negó cualquier intento de desviar la atención del pueblo, concentrada en ese momento en el escándalo sexual del presidente.
La expresión “cortina de humo” tiene origen militar. En la Primera Guerra Mundial, por ejemplo, era habitual propagar densas masas de humo para ocultar al enemigo el movimiento de las propias tropas. En política, la expresión alude a una maniobra de distracción con la que se pretende apartar el interés de la opinión pública sobre un determinado asunto. En definitiva, se trata de que el ciudadano no vea lo que verdaderamente importa.
La película de Levinson es una comedia ácida sobre las relaciones entre el poder y los medios de comunicación. Para poner en pie el simulacro de guerra con Albania, los asesores del presidente recurren a un excéntrico productor de Hollywood –interpretado por Dustin Hoffman-, que se encarga de grabar las supuestas imágenes del conflicto bélico en un plató de cine tras el correspondiente casting. “La guerra es un espectáculo, por eso estamos aquí. No queremos que usted produzca una guerra, sino un espectáculo”, le espeta cínicamente Robert de Niro a Hoffman para explicarle el encargo.
Basada en la novela American Hero, de Larry Beinhart, La Cortina de Humo aborda una práctica para nada desconocida en el mundo de la política. Como se encarga de recordar en la cinta el personaje que interpreta Robert de Niro, durante la presidencia de Reagan 240 marines fueron asesinados en Beirut en un ataque suicida de la Yihad Islámica, un suceso que conmocionó a la opinión pública internacional. Apenas 24 horas después, el mandatario norteamericano ordenaba la invasión de Granada como respuesta a la alianza de este país caribeño con Cuba y la Unión Soviética. Una operación militar que sirvió para que el pueblo estadounidense olvidara por unas horas la tragedia de Oriente Próximo.
Nominada a dos premios Oscar y galardonada con un Oso de Plata en el Festival de Berlín, la película es recomendable para conocer en clave de sátira los entresijos de la política estadounidense, el trabajo de los fontaneros de la Casa Blanca y de qué manera, en el Séptimo Arte, no siempre la ficción se inspira en la realidad. En ocasiones ocurre todo lo contrario.
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