La escena se ha convertido ya en un lugar común de la vida pública norteamericana. Prominente personaje de la política posa en el estrado ante los medios de comunicación para hacer acto de contrición por sus infidelidades conyugales. Al lado, su esposa, protagonista muda del drama, asiste a este con cara de circunstancias, en lo que pretende ser algo así como una muestra resignada de apoyo al marido arrepentido. Hay que escenificar la pantomima para que el ciudadano norteamericano, tan dado a juzgar a sus cargos públicos no solo por su gestión política sino también por sus líos de cama, se conmueva como es debido y decida perdonar igualmente al político contrito.
Así comienza The Good Wife, sin duda una de las mejores series norteamericanas de los últimos años. Una muestra más de que el talento que antaño colonizaba los estudios de Hollywood –lejanos quedan ya los años dorados de la meca del cine- ha emigrado a la pequeña pantalla para gozo y disfrute de los seriéfilos de todo el mundo. A los platós de CBS, canal en el que se emite la serie de la que hoy hablo, pero también a los de ABC o HBO, ese templo del buen gusto que tan gratos momentos nos hace pasar a los amantes de la ficción televisiva.
En el éxito de The Good Wife tiene mucho que ver, desde luego, Juliana Margulies, impecable en su papel de Alicia Florrick, la esposa despechada y al mismo tiempo abnegada, que debe retomar su carrera de abogada para sacar adelante a su familia, dado que el patriarca del clan termina con sus huesos en la cárcel tras ser acusado también de corrupción política.
Pero entre el elenco de personajes de la serie, cuyo final, por cierto, ha sido anunciado por CBS para mayo de 2016 tras 7 temporadas absorbentes, brilla con luz propia Eli Gold. Interpretado por el actor británico Alan Camming, Gold es el maquiavélico y manipulador asesor de prensa del gobernador Peter Florrick (al que da vida Chris Noth), que ayuda a este a retomar su carrera política tras salir de prisión.
A su falta de escrúpulos une un punto de histrionismo y altas dosis de ironía que hacen de él un personaje por sí solo merecedor de un spin-off. Aun tratándose de una serie con las dosis de exageración inevitables en cualquier ficción televisiva, viendo cómo se desenvuelve Eli Gold el espectador puede hacerse una idea aproximada de cómo funciona la maquinaria electoral norteamericana, los bajos fondos de la política en EEUU y, cómo no, el manejo de la comunicación y la gestión de crisis.
Para dotar de más realismo a la trama, sus guionistas hacen un guiño al telespectador en la última temporada colocando a Peter Florrick en la carrera hacia la Casa Blanca, en dura pugna con la mismísima Hillary Clinton. Un paso más en la mezcla de realidad y ficción que tan buenos resultados ha dado a esta serie, en la que Eli Gold hace sombra por momentos al resto del reparto.
Tal es la pasión que su personaje despierta entre la legión de admiradores de la serie que en Internet proliferan ya retahílas de frases célebres pronunciadas por él durante las 7 temporadas. De todas ellas me quedo con una que ya mencioné en este blog por su clarividencia: “Si no deseas que algo se cuente, lo mejor es que lo cuentes tú”.
Una visión de la comunicación francamente inteligente, la de este Eli Gold.
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