Moisés Naím, escritor y líder de opinión venezolano
Ex ministro venezolano con Carlos Andrés Pérez y ex director ejecutivo del Banco Mundial, la trayectoria de Moisés Naím es apabullante y poliédrica. Colaborador de diarios como Le Monde o El País, gracias a su magnífica obra El Fin del Poder fue designado en 2014 y 2015 uno de los 100 líderes del pensamiento global. También la revista británica Prospect le incluyó en 2013 en la lista de los intelectuales más destacados del mundo.
Estuvo al frente de la revista Foreign Policy durante 14 años y actualmente dirige Efecto Naím, un programa que analiza la actualidad internacional y que llega hasta el último rincón de América Latina a través del canal de televisión colombiano NTN-24. En su despacho del Carnegie Endowment for International Peace, un think tank con sede en Washington DC, conversamos de gestión de crisis, de cómo los poderosos de hoy lo son mucho menos que ayer y de este complejo escenario político global que tantos y tan profundos cambios nos está deparando.
En un artículo de 2010 citaba usted los escándalos de Tiger Woods, Toyota y los abusos sexuales en la Iglesia católica subrayando un denominador común: los tres reaccionaron escondiéndose. ¿Cómo es posible que las organizaciones no se hayan dado cuenta de que el silencio es tóxico en gestión de crisis?
Creo que ahora las empresas son cada vez más conscientes de que no pueden ser pasivas ante una crisis de imagen. En El Fin del Poder presentó estadísticas que demuestran que la probabilidad de que una organización sufra una crisis de reputación ha aumentado drásticamente. Creo que las grandes empresas lo han entendido y se han preparado para reaccionar cuando han cometido errores que pueden dañar su reputación.
Esa estadística a la que se refiere es de Oxford Métrica y muestra, en efecto, que la probabilidad de que una institución sufra un escándalo que dañe su reputación es del 80% frente al 20% de hace unos años. ¿A qué cree que se debe ese fenómeno?
Tiene mucho que ver con una revolución de la información. El fácil acceso a esta que existe hoy y la capacidad de generar contenidos por parte de los individuos se han generalizado. Antes la información pública solo era generada por instituciones, bien fueran Gobiernos o medios de comunicación. Pero hoy en día cualquiera tiene la posibilidad de ponerla en circulación a través de las redes sociales.
¿Qué consejos daría a una empresa para sobrevivir a tiempos tan convulsos como los actuales?
El primero, no suponer que pueden esconder los errores. Creer que puedes cometer abusos contra el consumidor, comportarte de forma inapropiada contra tus competidores o ser corrupto como Gobierno y que no va a saberse es una ingenuidad del siglo XX. En el siglo XXI, las organizaciones sanas y modernas saben que no pueden esconder este tipo de conductas. Una regla a seguir es que una empresa no debe hacer nada que no quiera ver en la portada de un periódico. Ese es un buen filtro para la toma de decisiones.
¿Es la degradación del poder una buena noticia?
En El Fin del Poder se demuestra que el hecho de que el poder sea ahora más fácil de obtener, más difícil de usar y más fácil de perder está creando un mundo más incómodo para los monopolios privados, gubernamentales y para las tiranías. Es más difícil ser monopolio y perdurar. Eso no quiere decir que no haya concentraciones de poder importantísimas como las del Vaticano, Obama, Putin, Google o Goldman Sachs. Pero estos centros de poder están más restringidos.
En su libro constata dos hechos: las empresas más grandes e influyentes son también más vulnerables; por otro lado, compañías de nuevo cuño están desplazando a gigantes tradicionales.
No solo las grandes corporaciones son hoy más vulnerables, es que además tienen menos influencia que en el pasado. Y sí, pequeñas empresas emergentes están desplazando a los gigantes tradicionales. Que los monopolios o quienes los concentran demasiado poder de mercado no se sientan cómodos es una muy buena noticia.
Estamos asistiendo al final del poder de la prensa tal y como lo hemos conocido hasta ahora. ¿No le parece preocupante, dado el papel de los medios independientes en la buena salud de nuestras democracias?
Por supuesto que las democracias requieren prensa libre. Estamos viendo el ocaso de un modelo de negocio para los diarios, que no van a poder sobrevivir como lo han hecho hasta ahora. Pero, al mismo tiempo, estamos contemplando el amanecer de una maravillosa explosión de periodistas, información, videos, audios, etc. Evidentemente, este es un periodo confuso en el que también hay impostores y falta de profesionalidad. La práctica del periodismo como búsqueda de la objetividad y de la verdad, contrastado con varias fuentes alternativas, es una disciplina que sigue existiendo y de la que estamos necesitados más que nunca. Y creo que están proliferando las posibilidades para el periodismo.
¿Cree que el periódico en papel se convertirá en un producto de minorías?
Pienso que a largo plazo desaparecerá, sí. Pero creo que aún falta tiempo y depende de los países. En Europa no ha penetrado tanto aún el hábito de leer la prensa por Internet-
Para muchos, que el ciudadano sea hoy más poderoso se debe a las redes sociales. Sin embargo, sorprende que en El Fin del Poder reste usted importancia a la tecnología.
Sería absurdo decir que Facebook o Twitter no han cambiado la forma en que se hace política o cómo la gente se informa. Por supuesto que son importantes. Las redes sociales están sirviendo para que los activistas puedan coordinarse, apoyarse o recaudar fondos. El problema es que esa realidad ha sido interpretada por muchos como el factor definitivo de turbulencias políticas como la Primavera Árabe. Yo discrepo profundamente de esa interpretación. Las redes sociales son un instrumento que no sirven de nada si no hay usuarios. Mucho más importante que las herramientas en sí es el usuario, sus motivaciones y sus aspiraciones- Entender qué determina a ese usuario y sus conductas es mucho más vital que las redes sociales en sí.
Nos encontramos ante un año apasionante en el que EEUU elige nuevo presidente. ¿Cómo ve la lucha por la Casa Blanca?
Confirmando ese fin del poder. Como digo, el poder es más fácil de obtener, más difícil de usar y más fácil de perder. Hoy es más factible que un empresario cuya fama se debe a un reality sea candidato republicano a la presidencia de EEUU. Creo que obtuvo el poder muy rápido, que tiene dificultades para ejercer el poder que ha obtenido y creo que lo va a perder y que dentro de unos años nadie hablará de él como una fuerza política importante. Por supuesto que me puedo equivocar y puede terminar siendo presidente, pero me sorprendería mucho.
¿Qué opina del poder que está adquiriendo el ciberactivismo?
Por un lado hay que darle la bienvenida al hecho de que quienes tengan buenas causas sociales dispongan de mejores instrumentos para apalancar sus esfuerzos y lograr amplificarlos a través de Internet. Pero, por otro lado, no creo que baste con que uno le dé a un “me gusta” en Facebook o Twitter. Hemos visto que gran parte de la capacidad de organización que se genera en las redes sociales luego no se convierte necesariamente en cambio político. El impacto real del activismo por Internet ha sido muy limitado. Además, el activismo ahora se ha convertido muchas veces en cibercriminalidad, ya que están abundando los casos de hackeos, destrucción de reputaciones, ataques personales, etc. Así que está claro que una parte del ciberactivismo se ha vuelto claramente una actividad socialmente dañina.
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