La semana pasada se divulgó la sanción que la Federación Internacional de Tenis (ITF) ha impuesto a la tenista rusa Maria Sharapova por un presunto caso de dopaje. En concreto, dos años sin competir por consumo de meldonium, una sustancia prohibida desde el 1 de enero de 2016 por la Agencia Mundial Antidopaje (AMA).
Tras los análisis de un laboratorio de Colonia, la AMA detectó que el meldonium era de uso común entre numerosos deportistas del Este de Europa. El razonamiento fue simple: si tantos deportistas lo utilizan es, sencillamente, porque el producto sirve para mejorar el rendimiento físico. Así que, sin más pruebas ni análisis de por medio, la AMA prohibió su consumo a partir del 1 de enero de este año. El rigor científico de la decisión ha sido cuestionado por figuras del estamento deportivo y medios de comunicación como El País han calificado la actuación de esta entidad de “opereta”.
Pero el objetivo de este post no es poner en tela de juicio la actuación de los organismos deportivos internacionales, sino analizar la gestión que Maria Sharapova y sus representantes han hecho de esta crisis. Restos de meldonium fueron detectados en una muestra de orina de la tenista recogida el pasado 26 de enero en pleno Open de Australia, tras perder un partido contra Serena Williams. El pasado 7 de marzo, consciente de que la Federación Internacional de Tenis iba a anunciar el caso a los medios de comunicación, la jugadora se adelantó y convocó una rueda de prensa dos horas antes para explicar su versión de los hechos.
En la comparecencia, la rusa conyó que consumía el producto desde hacía 10 años para tratar problemas de salud y aludió a los antecedentes de diabetes que padece su familia. La tenista ofreció todo lujo de detalles. Añadió que en diciembre de 2015 recibió una carta en la que la AMA comunicaba la prohibición de consumir meldonium, pero que al encontrarse de viaje con motivo de las Navidades no había podido leer la misiva. Lejos de eludir responsabilidades, admitió haber cometido un error y pidió disculpas por ello.
El comportamiento de Sharapova a lo largo de este proceso ha tenido consecuencias claras e inmediatas. Nike, por ejemplo, que en un principio rompió el acuerdo con la deportista, lo reanudó posteriormente. Especialmente llamativo fue el comunicado emitido por Head, otro de sus patrocinadores. En uno de sus párrafos, la marca señaló: “La honestidad y el coraje de Maria al anunciar y reconocer su error fue admirable. Head está orgulloso de seguir a su lado en el futuro (…). Maria puede haber cometido un fallo, pero se ha ganado el beneficio de la duda y nosotros se lo estamos concediendo”.
El caso de la tenista rusa es la antítesis del que protagonizó Lance Armstrong, uno de los mayores tramposos en la historia del deporte internacional. Sobre él planeó durante años la sombra del dopaje, pero el ciclista texano solo pudo reaccionar con negativas y amenazas de querella que nunca llegaron a nada.
¿Qué conclusiones pueden extraerse del caso Sharapova?:
- Si no quieres que algo se sepa, cuéntalo tú mismo. La jugadora, sin duda muy bien asesorada, mostró una gran rapidez de reflejos al adelantarse al anuncio oficial de dopaje. Al convocar la rueda de prensa, la rusa consiguió llevar el control del relato y no ir a remolque de lo que otros dijeran de ella. Su versión de los hechos, además, ofrece visos de verosimilitud.
- Sé transparente. Sharapova fue directa y sincera, no eludió preguntas y dio detalles sobre las fechas en que había comenzado a tomar meldonium, revelando incluso el nombre del médico que le había prescrito la sustancia. Su actitud continuó en los días posteriores a su comparecencia, en los que estuvo a disposición de los medios para aclarar detalles o despejar nuevas dudas en torno al caso.
- Muestra humildad y pide perdón. La tenista no quiso descargarse en ningún momento de responsabilidades y asumió que había cometido un error, por lo cual se disculpó ante la opinión pública. Y es que los humanos somos inmisericordes ante la mentira, pero suficientemente comprensivos como para perdonar un fallo. A fin y al cabo, todos hemos cometido alguno en la vida.
Haría bien el establishment deportivo internacional en tomar buena nota de este caso y rodearse de expertos en comunicación acreditados ante hipotéticas situaciones de crisis, en vista de los distintos affaires que le rodean últimamente. Entre ellos, el presunto escándalo sexual que salpica a algún miembro de la selección española de Fútbol o los Juegos Olímpicos de Brasil, cuestionados por figuras como Pau Gasol ante la preocupación que genera el virus Zika. Pero estas son historias que merecerían un post aparte.
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