Dori Toribio, corresponsal de CUATRO en Estados Unidos
Desde su privilegiada posición de corresponsal de CUATRO en Washington DC, Dori Toribio asiste en primera fila a una de las carreras por la presidencia norteamericana más apasionantes de las últimas décadas. Una contienda de resultados imprevisibles según la mayoría de los observadores. Periodista de raza, Dori Toribio trabajó para Radiotelevisión Española y Radio Nacional de España durante 14 años, una andadura que le llevó a recorrer el mundo en busca del foco de la noticia, desde Argelia a Guantánamo. Hoy añade a su trabajo en CUATRO el de analista política en NTN-24, ya que es una de las corresponsales internacionales habituales de Club de Prensa, el programa que dirige Juan Carlos Iragorri en esta cadena.
Sus años en EEUU le han permitido constatar que este país se encuentra muy por delante en prevención de crisis con respecto al escenario español. “Lo principal que se puede aprender del modelo estadounidense es que todas las empresas deben tener una buena planificación en gestión de crisis desde una fase previa. Y eso incluye la prevención, identificación de riesgos y la gestión de la comunicación de crisis, que es algo a lo que en España todavía no se le da el valor que merece, ni en el sector privado ni en el público. La figura del Public Information Officer en EEUU es un eje de la comunicación interna y externa en este país, que con los años se ha desarrollado en diferentes ámbitos y grados. Ahora estamos en un punto en el que la función está exponencialmente desarrollada y diversificada, pensemos, por ejemplo, en el uso de las redes sociales en la gestión de crisis. Pero empecemos por lo básico: es fundamental tener un manual de crisis desde el principio”.
¿Cree que los políticos españoles están a la altura de los estadounidenses en oratoria?
No es una cuestión de altura, sino de práctica. Los estadounidenses nos llevan años luz en oratoria a los europeos. Y no solo a los políticos. Es algo que aprenden desde pequeños en el colegio: a hablar en público, debatir, expresar ideas y lanzar preguntas. Es cierto que un buen orador nace, pero también se aprende. Y se ve aquí todos los días. Basta con salir a la calle a entrevistar a cualquier ciudadano en cualquier esquina. Expondrán un resumen casi perfecto de cualquier tema de análisis. En forma y contenido.
¿Y qué debería hacer el político español para superar esa carencia?
Convendría empezar por un primer paso: que se tomen en serio la comunicación. No como algo complementario, sino esencial. Un político debe comunicar bien, y más en esta sociedad de la información acelerada. Y a eso también se aprende. En EEUU es inconcebible que un político no conceda entrevistas, no asista a un debate o no hable cara a cara con sus votantes. Y no solo se espera que lo haga, sino que lo haga bien. Los buenos discursos son fundamentales en la carrera de un político. Y no hay nada casual en ellos. Se preparan con especialistas que saben de comunicación y se nombra a personas preparadas para esos cargos. Es una cuestión de concepto. La comunicación política se valora más en EEUU. Claro que también tienen más experiencia: la primera rueda de prensa en la Casa Blanca se produjo a principios del siglo XX. Es cuestión de tiempo, esperemos.
¿Le provoca perplejidad lo que está ocurriendo en esta campaña electoral norteamericana tan atípica?
Todos los días. Este país está con los ojos como platos desde hace más de seis meses con lo que está ocurriendo. No se ha vivido nada igual en décadas, dicen algunos. Jamás, dicen otros. Todos los manuales de política y comunicación electoral han saltado por la ventana. Se están redefiniendo muchas cosas a nivel interno en los dos grandes partidos y a nivel general en la política estadounidense. Siempre se ha dicho que en política todo puede pasar. Pero esta vez es con mayúsculas, de verdad que podemos esperarnos cualquier cosa en las elecciones estadounidenses a estas alturas.
Como analista política, ¿cómo valora el fenómeno Trump?
Trump es un síntoma de muchas cosas. Es un síntoma de la gran crisis interna que vive el Partido Republicano, el profundo desencuentro que viven los dos grandes partidos del país y la decepción que sienten muchos ciudadanos con muchos políticos, incluido Barack Obama. Él mismo reconoció en su último discurso del Estado de la Unión que uno de los grandes errores de su presidencia es no haber hecho más por el entendimiento y la negociación política. Y el fenómeno Trump es resultado de muchos de estos factores.
¿Hay desafección hacia los políticos?
Hace años que en EEUU se respira malestar entre los ciudadanos con toda la clase política en general. El punto álgido se vivió en 2013, cuando un desencuentro visceral entre republicanos y demócratas provocó un cierre parcial del gobierno de Washington durante 17 días, con pocos precedentes en la historia de este país. Desde entonces el Congreso arrastra las cifras de aprobación más bajas en décadas. Y los políticos también. Así es como nació el movimiento ultraconservador del Tea Party, que recogía ese malestar. Y ahora así es como ha ascendido Trump, multiplicándolo por mil. El es el único que les dice a los estadounidenses «yo estoy enfadado«, en lugar de «entiendo que estéis enfadados«. Trump dice compartir la frustración general y así se ha ganado a mucha gente.
¿Cómo es percibido Trump por el ciudadano norteamericano?
Le perciben como un ciudadano más, sin pelos en la lengua, que dice lo que otros no se atreven a decir, se autofinancia la campaña (o eso dice) y tiene una trayectoria empresarial de éxito que podría aplicar a la gestión del país. La carta del outsider es muy poderosa en estas elecciones, por el malestar de los estadounidenses con los políticos de siempre. Y ahora mismo esa carta solo la tiene él. Mucha gente está cansada y vota por él, porque es el único diferente. Da igual las mentiras, los insultos, la campaña sucia, los despropósitos y la locura en la que ha convertido estas primarias. A esto se suma además un momento social en el que la televisión, las redes sociales y los personajes de reality tienen mucho peso, algo que Trump maneja a la perfección.
Trump ha propuesto levantar un muro en la frontera con México, se ha burlado de los judíos, ha elogiado a Sadam Hussein, ha hecho mofa de héroes de guerra como el senador McCain. Solo por uno de estos deslices, cualquier otro candidato se hubiera enfrentado a una crisis. ¿Por qué a él se le perdona todo?
La gente lo percibe como un ciudadano más, no un político de carrera. Por eso se le pasan cosas que a otros no se les pasaría. Muchos ciudadanos creen que en cierta manera es normal que como ser humano cometa errores. Y están convencidos de que es el único que dice lo que realmente piensa. Lo entienden como un signo de frescura, honestidad e independencia, aunque resulte difícil de creer. Trump ha sabido recoger un sentimiento de frustración que existe en lo más profundo de este país. El discurso del miedo es muy efectivo en tiempos de crisis económicas y migratorias.
¿Cómo valora el manejo que hace Trump de los medios de comunicación?
Trump es un maestro de los medios. Domina la televisión, las redes y el espectáculo como nadie. Sabe qué tiene que hacer para atraer la atención. Así ha llegado hasta aquí. Ha conseguido mantener la atención de los medios durante casi un año a golpe de polémicas. La cobertura que los medios estadounidenses han hecho de Trump desde 2015 duplica y triplica en tiempo de emisión al resto de candidatos. Y eso ha ayudado a «crear el monstruo». Pero los especialistas y expertos de este país aún tratan de entender cómo se ha creado el fenómeno de Trump. Y sobre todo, por qué nadie lo vio venir.
Vayamos al Partido Demócrata. ¿Cómo cree que ha manejado Hillary Clinton la crisis de los emails?
Mal. Y sigue manejándola mal. En el último debate demócrata esquivó la pregunta directa sobre la investigación del FBI y terminó atacando a Trump en lugar de contestarla. Eso es lo que lleva haciendo durante meses: minimizar el problema, esquivarlo y dar las menos explicaciones posibles. Esa actitud resuena entre los estadounidenses como la de alguien que cree estar por encima del bien y del mal y que no debe explicaciones a nadie, ni siquiera a sus votantes. Y esa es ya una carga que pesa en la imagen de los Clinton desde hace años. Muchos creen que es elitismo político. Otros que sencillamente es un error mayúsculo en su gestión de la comunicación. Esta crisis se podía haber desactivado si se hubiera afrontado desde el principio con una estrategia efectiva, en lugar de intentar barrerlo debajo de la alfombra durante meses.
¿Cree que la gestión de esta crisis le pasará factura?
Va a depender de hasta dónde lleguen las implicaciones legales. En este momento, el daño es más a su imagen por cómo lo está gestionado, que daño real. Y sobre todo es un argumento convertido en arma electoral que aprovechan los republicanos. Pero habrá que ver cuál es el siguiente paso del FBI y la justicia estadounidense.
¿Por qué Hillary no termina de conectar con el electorado?
Es una cuestión de autenticidad y temperatura. Hillary Clinton resulta fría y reservada en el contacto directo con los ciudadanos. No es ningún secreto que a ella no le gusta mucho tampoco. Es reacia a abrirse en público. Y le falta la autenticidad en el discurso y las emociones, que es lo que conecta con el electorado, sobre todo en estos tiempos de voto emocional, más que racional. Tampoco es ningún secreto que a Hillary Clinton no le se le da especialmente bien hacer campaña.
¿Cómo es la relación de Hillary con la prensa?
Tiene una relación bastante fría, pese a que podrían ayudarle a mejorar esa imagen. Pero no es nada que no pueda arreglarse. Una buena estrategia de campaña y comunicación podría hacer esa percepción más cálida. Pongamos como ejemplo a Barack Obama. En Washington se dice que es uno de los mandatarios que más encerrado está en la burbuja de la Casa Blanca y quien ha perdido gran parte de la conexión real con los ciudadanos con la que llegó a la Casa Blanca. Hoy es percibido como un presidente honesto, pero muy distante. Sin embargo, en 2008 su imagen era radicalmente opuesta. Y eso fue debido a que su campaña electoral fue un éxito. Todo es cuestión de percepción, subrayar fortalezas y difuminar debilidades. En ello está Hillary, que en sus últimos discursos ya habla de «amor» y «amabilidad» como armas para frenar a Trump. Aunque de momento aún resulta muy forzado en ella. Pero todo se andará.
¿Se atreve a dar su pronóstico sobre quién será el próximo presidente de Estados Unidos?
Nadie se atreve ya. Todos hemos perdido a estas alturas no una, sino varias apuestas sobre cómo se desarrollaría esta campaña electoral. La lógica sigue diciendo que Hillary Clinton ganará las elecciones. Pero esa misma lógica racional hace mucho que saltó por la ventana. Todo puede pasar. Lo único seguro es que este está siendo un año electoral apasionante en EEUU. Y aprenderemos mucho de lo que ahora ocurra, para siguientes capítulos de la Historia.
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